¿Hay alguien ahi?
lunes, 2 de mayo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
CAPRICHOS DE GOYA (I).-
" ..más quiero yo a mi perro."
"El perro lo saludaba cada día desde la puerta principal y lo despedía al final del día en la estación de Shibuya. Incluso tras la muerte del dueño, Hachikō volvió cada día a la estación a esperarle, y lo hizo durante los diez años que transcurrieron hasta su propia muerte."

Hachiko Monogatari.(Siempre a tu lado) 2009 Lasse Hallstrom.
Umberto D. 1952 Vittorio De Sica.
Cine clasificado en el nivel 4: Gravemente peligroso para espectadores de lagrima fácil.
(A los que no saben llorar, no les va a gustar).
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lunes, 14 de marzo de 2011
sábado, 13 de noviembre de 2010
domingo, 9 de septiembre de 2007
Apocalípticos e integrados.-
Algunos versos, son tan buenos que pueden prescindir del resto del poema sin que por ello pierda el conjunto ni un ápice de su valor. Solamente una línea, la primera, basta para hechizar al lector y dejarlo en trance de satisfacción anticipada, hasta el punto de que aunque no continúe la lectura, ya dará por consumado el milagro de la poesía, y probablemente quedará en su recuerdo no solo como el estribillo, sino como canción completa. Porque además de musicales, esas silabas encerraran, necesariamente, el significado de toda la canción “Puedo escribir los versos más tristes esta noche.....”
Y no es Neruda, y no es un poema. Tampoco una copla. Son diez silabas que, componen apenas un par de palabras, y que, a pesar de pertenecer al mundo de la erudición, a ese planeta donde los intelectuales y aquellos que usan tal disfraz, navegan con cierta facilidad en un océano de términos tan ilustradas que al resto de mortales se nos antojan poco apetitosos, al considerarlos indigestos con toda probabilidad, basándonos en el desconocimiento que, suele ser, quien nos hace rechazar aquellos alimentos que nos resultan poco familiares. Por si acaso.
Ese título resulta sonoro, sin duda, y aunque no estimule sentimientos, o no nos induzca a soñar despiertos, lo cierto es que tiene un cierto ritmo sincopado que puede invitarnos a caminar, a movernos, cuando no a bailar, directamente, mediante unos pasos desconocidos, en un movimiento mas rectilíneo que circular, incluso en pequeños saltos que no sabemos a donde nos llevan, ya que, como digo, tampoco entendemos bien el significado de la frase inicial. Funk, jazz, tecno?. No lo sé.
Como tantas otras cosas a medio descubrir en la época de los años felices de uno, donde es tal la cantidad de estímulos positivos, de conocimiento, de afortunados descubrimientos, que no tiene capacidad alguna para digerirlos, como si fuese abriendo cajas con regalos extraordinarios, uno tras otro, y arrojándolos al suelo sin aprecio alguno, obnubilado por el montón de paquetes que le quedan aun por revelar. Maravillas de colores. Sin duda. Y es que si hay algo más grandioso que las maravillas es cuando estas son, además, de colores.
Al final, la moraleja, la vida misma, uno se queda con la ultima calamandrita que queda pegada a sus dedos, y como mucho con los restos del papel de seda de algún envoltorio, aunque sea, en el mejor de los casos, tornasolado, para mantener el espíritu feliz del tiempo aquel que, inevitablemente no prestará una “segunda opinión” como dicen ahora para negar la realidad cuando no gusta.
En fin, que me quedé con el papelito, con el retazo de cinta irisada como escasa pertenencia, aparentemente escasa si la comparamos con el bazar deslumbrante que desfiló ante mis ojos, pero más que suficiente para hacerme sentir sino como Craso, al menos como afortunado en el terreno del espíritu, cuando la memoria me sigue repitiendo la banda sonora: Apocalípticos e integrados.
Y es que lo bueno del optimismo (apréciese el énfasis) es que hasta me hace sentir el efecto beneficioso de no haber leído el ensayo de Umberto Eco, ( también lo tuve entre mis manos en su momento, como el contenido de las cajas aquellas) el extraordinario y divertido estudio sobre el efecto de los medios de comunicación en la cultura de masas, ambientado en los años sesenta (ya dije), y por tanto feliz a pesar de desconocer su contenido y, lo que es igual, su finalidad. Me quedé en el titulo. Y no es poco. Y tan contento.
Pero las palabrejas quedaron por ahí dando vueltas, emergiendo en artículos de significado dudoso, naturalmente. Y aparcadas en la carpeta de “objetos en desuso”, definitivamente, cuando su autor se consagró como novelista de éxito, de novela histórica para mas INRI.(de inritación, supongo).
El que aparezcan aquí, otra vez, cual Ave Fénix, podría considerarse como la presuntuosa pretensión de usurpar el exclusivo privilegio de nuestros autores barrocos, la intención de repetirse una y otra vez en nuestros sueños, aquellos que suceden cuando estamos durmiendo, aquellos silenciosos, ya que no pueden hacerlo en su versión alucinada del comensal ante la sopa de letras: mane, tecel, fares, en la cuchara de caldo. Tiempos aquellos.
Lo cierto es que las palabras insisten, y ellos están aquí, otra vez. Apocalípticos e integrados. Aunque en un remake que poco o nada tienen con ver con el eco del mensaje de D. Humberto.
Los apocalípticos piensan, y lo dicen, que estamos dejando pasar la oportunidad irrepetible de cambiar las claves de la sociedad, de ajustar el reloj para que siga marcando las horas, y de que esa actitud pertenecen a la mayor de las lealtades hacia el mundo en que vivimos.
Que una ocasión como esta, de paz y progreso durante dos generaciones consecutivas, no se ha visto en la humanidad en siglos, y que es, o habría sido, el caldo de cultivo idóneo para asegurar el bienestar, o al menos la supervivencia, durante otros mil años del nuevo reich, ya que el penúltimo solo duro doce. Y a que precio.
Que a expensas de que los profetas ya no existen, salvo entre expresidentes o excandidatos a ídem, las crisis seguirán existiendo, y cuando las nubes rojas vuelvan a aparecer por el horizonte... ( ¡Gases asfixiantes! Escuchaba gritar a aquella anciana en mi infancia, cada vez que las nubes enrojecían el horizonte en los hermosos atardecederes de agosto). Cuando otras nubes rojas, figuradas, vuelvan a parecer, nos vamos a acordar, otra vez, de la ocasión perdida.
Eso, y cosas más profundas dicen ellos, los apocalípticos.
Los integrados, alguno de los cuales fueron en su juventud apocalípticos, se encuentran confortablemente integrados, es decir que se encuentran confortablemente, y que a pesar de que algunos deban ese confort a su pasado como apocalípticos, lo cierto es que el presente resulta bastante mas divertido y, en todo caso el autoconvencimiento de pertenecer a una casta de un nivel digamos... seguro y confortable(otra vez) convierte las profecías en cuentos tan lejanos como puedan serlo la literatura infantil o la ciencia- ficción. Al fin y al cabo ¿qué sabían Aldous Huxley o George Orwell, del protocolo de Kioto o del euribor? Nada.
Por tanto, ni los alfa ni los beta, ni los famosos de cagamiseria que haría realidad 1984 con tan solo veinte años de retraso, tienen absolutamente nada que ver con los logros del sistema, de los sistemas concéntricos generados gracias a las experiencias, reales de verdad, del agit prop y de los genios de la svástica, a pesar de que la historia no les haya hecho justicia, a pesar de que haya que negarlos tres, treinta veces si fuese necesario. Ellos y otro genio, Maquiavelo, ya que si el fin justifica los medios, es suficiente con qué el fin pueda estar en buenas manos, o mentes, ya que los medios vienen por añadidura y, así se sientan las bases, el engranaje que hace que el mundo ruede, siga rodando. Y además.”No se os puede dejar solos”,” No lo olvideis”.
Eco no toma partido por ninguno de ambos. Y ya digo que su obra trata de un asunto diferente, aparentemente, del que estamos tratando. Mantiene la tesis de que no existen colores absolutos, de qué, en todo caso, todos forman parte del arco iris, y que, resulta difícil decir que fue primero, si el huevo o la gallina. Pero es que él es semiólogo, y maneja palabras tan extraordinarias como estas: apocalípticos, integrados...
P.D.- Realmente quería escribir sobre educación para la ciudadanía y me he perdido otra vez en el piélago de un mar de ideas que se arrojan sobre la playa mental con el desorden propio de las mareas de otoño. Y es que pienso como integrado que la ciudadanía como fin es una autentica necesidad y que es irrenunciable afirmar los cimientos de nuestra civilización (me sale el símil inmobiliario. no puedo evitarlo) y como apocalíptico, que hemos perdido veinticinco años sin intentarlo y que, además, los ciudadanos se hacen mas en el día a día mirándose en el espejo de sus gobernantes, que en los textos y los programas educativos, por correctos y necesarios que estos sean.
Como aprendiz de semiólogo umbertiano, me preocupa tan solo la palabra “para”. Pienso que tanto la educación como la ciudadanía son un fin en si mismas, y no necesitan ballestas ni catapultas.
Pues eso, lo dije.
jueves, 24 de mayo de 2007
Quisera que sepas..
Im just a soul whose intentions are good
Oh lord, please dont let me be misunderstood.
Primero fueron Lone Star, el grupo catalán delos sesenta, con la magnifica voz de Pedro Gene, y sus versiones del pop-rock que nos llegaba tan tarde como adulterado. Así sucedió con Comprensión,
“mas quiero encontrar siempre en ti comprensión.....
Señor, hazme digno de ella y de su amor”
Evidentemente un tema romántico, bailable además, con el desgarro del acerado Blues, que era en el fondo, aunque por aquel entonces mas nos parecía una un nuevo estilo de balada que, en todo caso, acababa de destronar al bolero, en las tardes de los domingos. Lo de festejar los sábados, también fue un invento posterior.
Luego descubrimos la versión “original” y esa presunción que, ya marcaba un escalón en el nivel del placer acústico, resultaba ser increíblemente mejor, y Eric Burdon mediante, aunque no entendiésemos el mensaje del vocalista, y tuviésemos que conformarnos con la diferencia en el brillo de los instrumentos, el punteo(riff) de la guitarra es de los que se graban en la memoria para siempre jamás, y sobre todo en algo mucho más sutil que, como diría Louis Armstrong, es lo que diferencia a un músico bueno de otro mejor, el swing.
Hubo otras mejores, entre centenares. De modo que, después de escuchar a Nina Simone, uno, tocado por los dardos que los dioses le envían en forma de hipoacusia y acúfenos, es decir otosclerosis para expresarlo de una manera tan difícil de entender como difícil resulta a su oído alcanzar el orgasmo acústico a que antes aludía, reconoce que es suficiente, que el placer es algo categórico al que no se debe medir la intensidad. Que vale. Que para qué más. Que me planto.
Si bien, aparece otro nivel de conocimiento, al menos tan gratificante como la experiencia, que vuelve a despertar las emociones.
Resulta que el texto original decía cosas, y que estas eran diferentes, e infinitamente más interesantes que la balada sentimental, que también lo era. Dice o puede decir algo así como:
Señor, no dejes que me malinterpreten.
Soy solo un alma con buenas intenciones
Y entonces se acuerda uno de los traductores y de su eficiencia lingüística; y de cómo las ideas llegan a veces, cuando lo hacen, perdidas en el tiempo y en el significado. Totalmente fuera de lugar. Y ello cuando no es el destinatario quien las tergiversa o simplemente las ignora, return to sender ( devuelta al remitente) como cantaba Elvis, pero esa es otra canción de la que ya hemos escrito.
Por ello es importante mantener limpia y ordenada la sinfonola musical que guardamos en la memoria silbable, sección : tres minutos de alegria, y dejar que las ideas se sienten alrededor de la pista de baile. Qué, si deciden ponerse en movimiento, lo harán en las mejores condiciones.
Al fin y al cabo son solo un puñado de buenas intenciones.
sábado, 12 de mayo de 2007
No es lo que parece
Mas bien seria todo lo contrario. A veces puede parecer desafortunado acercar unas palabras a otras. Sobre todo cuando la intención del que lo hace, está tan alejada de aquel que puede pensar lo contrario. Solo son palabras. Muy pocas. Sin jerarquia alguna. Y no necesitan mas explicación.


